Coñac Terry


1940
ANTIGUAMENTE existía un medio para ayudar a ganar unas pesetas en las casas humildes en El Puerto que era hacer las mallas para las botellas de Brandy de las Bodegas Fernando A. de Terry. Esta ayuda económica facilitaba que las jóvenes no tuvieran que salir a trabajar en casa ajena como servicio doméstico.
El año 1905 fue de una gran hambruna en El Puerto. Un buen día, Pepa Cuvillo, en su casa de la esquina de la calle San Juan, esquina Cruces, se dedicó a confeccionar una malla de seda amarilla sobre una botella de coñac. Al mediodía cuando su esposo Fernando de Terry Carreras llegó a comer, su esposa le mostró lo que había hecho. Él se entusiasmó al ver la botella y entrambos decidieron que las botellas de coñac de su casa llevarían ese adorno y concluyeron que dándolo a confeccionar a las mujeres de El Puerto colaborarían a paliar la miseria que existía. Así, las mallas se elaboraban manualmente en las casas y los patios de vecinos, ganándose así un dinero extra a la semana que servía de ayuda al jornal del cabeza de familia. Las mallas se realizaban con hilos de seda, una aguja lanzadera, un clavo que hacia la función de mallero y con la medida de un billete de tren de aquella época, ya que con él se podían tejer los nudos de los tres tamaños de botellas que entonces estaban en el mercado. El hilo se enganchaba en una anilla y ésta a su vez en el respaldo de una silla, para poder trabajarlo mas cómodamente. Una vez finalizada la faena, se llevaban a la casa de los Terry antes mencionada donde había que entregar al peso, la misma cantidad en mallas, por una parte y cabos y pelusas, por otra, que la recibida en seda. Cada brandy tenía un color de malla: amarilla, Centenario; verde, Competidor; blanca, V.O. y rojas y amarillas para Terry I.

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